¿El desarrollo de las plantaciones de palma aceitera contribuye a la deforestación en Indonesia?

Esta cuestión y otras relacionadas se debatieron el pasado 14 de abril en un seminario web organizado por Chain Reaction Research, una entidad que analiza la sostenibilidad con el objetivo de demostrar que la deforestación es un riesgo financiero importante, centrándose en productos relacionados con la deforestación tropical, como el aceite de palma, la soja, el ganado, el café, y el cacao, entre otros. 

El principal motivo de la celebración de este evento online fue compartir los resultados y conclusiones de una investigación llevada a cabo por Chain Reaction Research sobre la deforestación en Indonesia atribuida al desarrollo de las plantaciones de palma aceitera.

La investigación mencionada anteriormente puso de manifiesto que la deforestación atribuida al aceite de palma alcanzó en 2021 el nivel más bajo de los últimos cuatro años. En relación a la deforestación de los pequeños agricultores en Indonesia, estos gestionan más del 40 % de las plantaciones de palma aceitera, lo que equivale a 4,2 millones de hectáreas. Los pequeños propietarios independientes gestionan más de 3,1 millones de hectáreas, es decir, alrededor del 74 % de las plantaciones de los pequeños propietarios. Los investigadores estiman que la superficie de las plantaciones de los pequeños agricultores indonesios continuará aumentando hasta casi alcanzar el 60 % de la superficie de plantaciones de palma aceitera de Indonesia en 2030.

No obstante, según los expertos, existen nuevas amenazas que pueden aumentar la deforestación, entre las que cabe destacar la Ley Omnibus de Indonesia, que fomenta la inversión y debilita las salvaguardias medioambientales; el aumento de los precios del aceite de palma; la anulación de más de 2.000 permisos agrícolas, forestales y mineros en 2022; y el debilitamiento de la protección medioambiental a causa de las revisiones de la Ley de Minas, el programa de bienes alimentarios y la continua deforestación en el sector forestal industrial de Indonesia.

Otro aspecto a tener en cuenta es la política de biocombustibles del Gobierno de Indonesia, que se puso en marcha en 2008, inicialmente diseñada como una mezcla de un 1 % de biodiésel a base de aceite de palma y un 99 % de combustible diésel. Sin embargo, el porcentaje de aceite de palma en la mezcla ha ido aumentando progresivamente, siendo el objetivo del gobierno de Indonesia llegar al 100 % de biodiésel, ya que ven este como una forma de reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Por lo tanto, según los investigadores, la normativa vigente no consigue frenar la deforestación asociada a la obtención de biocombustibles, porque actualmente no existe ninguna norma nacional de sostenibilidad para el biodiésel. Además, los proveedores sin políticas de no deforestación, no turba y no explotación (NDPE), siguen siendo seleccionados como proveedores de las empresas de biocombustibles de Indonesia. A pesar de que los actuales compromisos de NDPE se continúa trabajando por lograr la trazabilidad hasta la plantación.

Tras analizar las estadísticas que proporciona el Ministerio de Agricultura Indonesio sobre el rendimiento del aceite de palma del país en el periodo 2019-2020, se puede ver como una mayor demanda de aceite de palma crudo junto con una baja productividad conlleva una mayor demanda de tierras. Por lo tanto, será necesaria la expansión del terreno de cultivo de palma aceitera para garantizar la suficiente materia prima para lograr el objetivo de aceite de palma crudo para la mezcla de biodiésel.

Los investigadores concluyeron que la disminución de las tasas de deforestación de la palma aceitera en Indonesia son prometedoras, pero el aumento de la demanda de biocombustibles y el incremento del precio del aceite de palma crudo pueden elevar el riesgo de que se talen más bosques. 

Irene Castillo

Asesor científico