La huella ambiental de un alimento depende de cómo se cultiva su materia prima y de los procesos que permiten transformarla. En el caso del aceite de palma, el tipo de suelo, el rendimiento de las plantaciones y el tratamiento de las aguas residuales influyen en ese balance. Conocer el peso de estos factores ayuda a identificar las prácticas que permiten mejorar la producción y valorar la contribución de la certificación sostenible.
Un estudio publicado en 2026, titulado A comparative life cycle assessment of palm oil—Differentiated by RSPO certified and non-certified, regionally, temporally, and by grower type, analizó estas cuestiones mediante una comparación entre aceite de palma certificado y no certificado. El trabajo se centró en la certificación de la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (Roundtable on Sustainable Palm Oil, RSPO), un sistema que establece criterios para promover una producción responsable.
Para realizar la comparación, los investigadores analizaron datos de producción de 2021 de Indonesia, Malasia, Tailandia, Colombia y Nigeria, países que reúnen más del 90 % de la producción mundial. Utilizaron registros de productores certificados y estadísticas sectoriales para estimar los datos de la producción no certificada. Aplicaron un análisis de ciclo de vida, dicha metodología les permitió evaluar los impactos ambientales de las distintas etapas de producción. El estudio abarcó el cultivo y la transformación hasta obtener aceite refinado, sin incluir su distribución ni su consumo.
El estudio estimó que, ante un aumento de la demanda, el aceite de palma certificado por RSPO tendría un impacto climático un 36 % inferior al del aceite no certificado. El modelo también calculó que el impacto sobre la biodiversidad asociado al terreno utilizado para el cultivo sería un 37 % menor en la producción certificada respecto a la no certificada.
Los autores relacionaron estos resultados con las diferencias en las prácticas de cultivo. En Indonesia y Malasia, la producción certificada presentó una menor proporción de plantaciones sobre turberas y un drenaje menos profundo. Estas características contribuyen a explicar sus menores emisiones, ya que las turberas almacenan grandes cantidades de carbono que puede liberarse a la atmósfera cuando se drenan para el cultivo. Por lo que, reducir la superficie cultivada en estos suelos y mejorar su manejo permite limitar esas emisiones.
El análisis del cultivo también mostró rendimientos superiores en las plantaciones certificadas de varios países respecto a las no certificadas. Este resultado explica el menor impacto asociado al uso del suelo: obtener más aceite por hectárea reduce la superficie necesaria para producir una misma cantidad. Por ello, mejorar la productividad de las plantaciones existentes constituye otra vía para avanzar hacia una producción más sostenible.
El estudio también encontró que, en Malasia e Indonesia, las explotaciones de los pequeños productores presentaban rendimientos inferiores a los de las grandes plantaciones. Mejorar su acceso al asesoramiento técnico puede facilitar la adopción de prácticas de cultivo más eficientes y ayudarles a obtener más producción de la superficie que ya cultivan.
Asimismo, los autores identificaron una mayor implantación de sistemas de captura de biogás en las plantas extractoras certificadas. Estos sistemas recogen el metano que puede generarse durante el tratamiento de las aguas residuales, como consecuencia de la descomposición de su materia orgánica. Evitar que este gas de efecto invernadero llegue a la atmósfera contribuye a reducir el impacto climático del proceso.
La contribución de la captura de biogás y de las prácticas de cultivo a los resultados ambientales varió entre países y regiones. En Indonesia y Malasia, el cultivo sobre turberas tuvo una influencia especialmente importante en las emisiones, mientras que en otros países las diferencias estuvieron más relacionadas con el rendimiento de las plantaciones y el tratamiento de las aguas residuales. Por ello, los porcentajes globales del estudio no pueden aplicarse por igual a todas las explotaciones. Conocer estas diferencias permite adaptar las medidas de mejora a las condiciones de cada zona.
En conjunto, el estudio muestra que la producción de aceite de palma certificado por RSPO se asocia a mejores resultados en los indicadores de clima y uso del suelo analizados. También identifica medidas concretas para seguir avanzando, como ampliar la captura de biogás y mejorar la productividad, evitando nuevas plantaciones sobre turberas. Estos resultados respaldan el interés de apoyar la producción certificada y facilitar que más productores incorporen estas mejoras.
Irene Castillo
Asesor científico
Bibliografía
Schmidt, J., & Weidema, I. H. (2026). A comparative life cycle assessment of palm oil—Differentiated by RSPO certified and non-certified, regionally, temporally, and by grower type. Sustainable Production and Consumption, 64, 124–136. https://doi.org/10.1016/j.spc.2026.01.016.





