Durante años, los medios de comunicación y diversas campañas publicitarias han sostenido que el aceite de palma y sus derivados están presentes en casi todos los productos que compramos. Esta idea, repetida con frecuencia, se ha arraigado en la percepción colectiva. Sin embargo, un estudio publicado recientemente en la revista Environmental Research: Food Systems ofrece una visión más precisa de la realidad y desmiente esa creencia tan extendida.

La investigación, titulada “Does palm oil really rule the supermarket? An assessment of three Western supermarket chains”, analizó más de 1.600 productos de tres grandes cadenas de supermercados —Albert Heijn (Países Bajos), Sainsbury’s (Reino Unido) y Woolworths (Australia)— con el objetivo de determinar cuántos contenían aceite de palma o de palmiste. Los resultados fueron esclarecedores: solo el 7,9 % de todos los productos analizados incluían aceite de palma o de palmiste en su lista de ingredientes. Por lo tanto, la afirmación de que el aceite de palma predomina en los supermercados carece de una base empírica sólida.

Los autores también investigaron el origen de la cifra mencionada, la cual procede de una estimación del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) realizada a mediados de los años 2000. Desde entonces, este dato se ha repetido en informes, medios y redes sociales sin una verificación adecuada. La evidencia actual demuestra, en cambio, que la presencia del aceite de palma en los supermercados occidentales es limitada y depende tanto del tipo de producto como del país.

Además, el estudio reflexiona sobre la eficiencia de este cultivo, considerado el más productivo del mundo, ya que su rendimiento por hectárea es entre cuatro y diez veces superior al de otros aceites vegetales, como el de soja, girasol o coco. Sustituirlo sin tener en cuenta esta ventaja implicaría un mayor uso de tierra agrícola y una posible presión adicional sobre los ecosistemas. Por ello, los investigadores recalcan que el objetivo no debe ser eliminar el aceite de palma, sino asegurar que su producción sea responsable y trazable. Hoy en día, esto es posible gracias a sistemas de certificación como la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO) o marcos regulatorios como el Reglamento Europeo sobre Deforestación (EUDR).

No obstante, los autores identifican una limitación importante: la falta de transparencia en el etiquetado. Cerca del 18 % de los productos analizados contenían ingredientes derivados de aceites vegetales sin especificar su origen. Esta opacidad impide que los consumidores dispongan de información completa sobre lo que compran y pone de manifiesto la necesidad de avanzar hacia un etiquetado más claro y detallado. Un consumidor informado puede tomar decisiones coherentes con sus valores e indirectamente favorecer prácticas agrícolas más sostenibles.

En conjunto, el estudio proporciona una perspectiva basada en datos, contribuyendo a matizar el debate sobre este aceite. Lejos de estar presente en la mitad de los productos del supermercado, su impacto depende principalmente de cómo y dónde se produce. La clave para un futuro más sostenible pasa por fortalecer la trazabilidad, reforzar las certificaciones de sostenibilidad y mejorar la información al consumidor.

La evidencia científica es clara: un aceite de palma producido de forma responsable puede formar parte de una alimentación sostenible y de una cadena de suministro más transparente y equilibrada.

 

Irene Castillo

Asesor Científico

 

Bibliografía

Emily Mae Meijaard et al. (2025). Environmental Research: Food Systems, 2, 041001.

https://iopscience.iop.org/article/10.1088/2976-601X/ae12f6