Según publica la organización Chain Reaction Research (CRR), la cual realiza análisis gratuitos de riesgos de sostenibilidad para analistas financieros, analistas de crédito, banqueros, inversores institucionales, corporaciones, etc., la deforestación en Indonesia, Malasia y Papúa Nueva Guinea atribuida al desarrollo de plantaciones de palma aceitera ha caído actualmente a su nivel más bajo desde 2017.

En 2018, la cantidad de tierra despejada fue de 74,000 ha., y en 2019, la cifra aumentó a 90,000 hectáreas (ha). Ya en 2020 cayó drásticamente esa tala, cifrándose en 38,000 ha. y las intervenciones se atribuyen a solo 10 empresas. En 2021, la superficie talada volvió a decrecer, contabilizándose 19,000 ha de bosque y turba para el desarrollo de plantaciones palmeras. Y las 10 compañías que más talaron sumaron 8,000 hectáreas, es decir, el 42 % de la deforestación total.

¿Cuáles han sido los motivos de esta reducción?

CRR señala que la disminución de la deforestación en 2020 se debió en parte a la contracción económica de Indonesia y también a la incidencia del COVID-19, argumentando que la demanda interna y el repunte de los precios del aceite de palma conducirían “a priori” a un mayor desarrollo de la tierra en 2021. Esto, sin embargo, no se materializó. Aunque la economía de Indonesia creció en 2021, las restricciones de COVID-19 se mantuvieron durante gran parte de 2021 y se fortalecieron a finales de año a medida que la variante Ómicron se extendió a nivel mundial. Esta coyuntura puede haber contribuido a la continua disminución de la deforestación.

Otro factor a tener en cuenta es la continua remisión de deforestación auspiciada por parte de las empresas que están vinculadas a cadenas de suministro internacionales, regidas por políticas de No Deforestación, No Turba, No Explotación (NDPE). Ninguna de las 10 compañías señaladas que han liderado los proyectos que más han deforestado en 2021 puede vincularse de manera concluyente al mercado NDPE.