Un nuevo estudio realizado por Etifor y la Universidad de Padua demuestra que el cultivo de la palma aceitera puede reducir significativamente su impacto medioambiental cuando se integra en cadenas de suministro controladas, trazables y orientadas a la sostenibilidad. Los resultados cuestionan la visión simplista que presenta al aceite de palma como único responsable de la deforestación, y orientan el debate hacia la evidencia científica, la innovación, la certificación y la responsabilidad en la cadena de suministro.
La deforestación mundial se está ralentizando
Hoy en día, esto ya no es solo una esperanza, sino una tendencia respaldada por datos.
Según el reciente estudio «Deforestation Made in Italy», elaborado por Etifor y la Universidad de Padua, la tasa anual mundial de pérdida forestal se redujo de 17,6 millones de hectáreas al año entre 1990 y 2000 a 10,9 millones de hectáreas entre 2015 y 2025.
Italia también muestra signos alentadores, con una reducción progresiva del riesgo de deforestación asociado al consumo nacional. Esta tendencia se ve confirmada además por un informe de Global Forest Watch y del laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland, que reveló que la pérdida de selva tropical primaria se redujo en un 36 % en 2025 en comparación con el año anterior.
En este contexto, el debate en torno al aceite de palma sostenible también está evolucionando. Durante años, el aceite de palma fue retratado como el «villano perfecto» de la globalización, debido a campañas alarmistas, etiquetas que indicaban «sin aceite de palma» y la creencia de que eliminar un solo ingrediente podría salvar los bosques tropicales.
Sin embargo, detrás de este cambio hay años de inversión, políticas públicas más sólidas, una mayor trazabilidad de la cadena de suministro y una presión creciente sobre los gobiernos y las empresas. La sostenibilidad ya no es solo una cuestión de comunicación: se está convirtiendo cada vez más en un factor industrial y competitivo.
Aceite de palma sostenible: de villano de la deforestación a motor de la transformación de la cadena de suministro
Aquí es donde el estudio de Etifor cuestiona una de las narrativas más arraigadas de la última década.
El aceite de palma sigue siendo percibido ampliamente como un símbolo de la deforestación mundial. Sin embargo, los datos revelan una realidad más matizada: la cadena de suministro más criticada, supervisada y regulada durante los últimos veinte años se está convirtiendo también en una de las que más rápido se transforman.
Según investigadores de la Universidad de Padua, el riesgo de deforestación asociado al consumo de aceite de palma sostenible en Italia ha mostrado «un marcado descenso a lo largo de los años». Y este es el dato que cambia el rumbo del debate.
Entre 2005 y 2023, el aceite de palma seguía siendo la materia prima con mayor riesgo de deforestación implícito en el consumo italiano, con unas 201 800 hectáreas estimadas, lo que equivale al 34 % del total. Pero lo importante no es la instantánea estática, sino la dirección del cambio. La tendencia es a la baja.
En otras palabras, las cadenas de suministro, sometidas a presión, están reaccionando. Las certificaciones, una trazabilidad más sólida, controles más estrictos, inversiones y nuevas normativas internacionales están impulsando una transformación tangible en todo el sector.
El EUDR acelera una transformación que ya está en marcha
El EUDR no surge en un vacío normativo: está acelerando una transformación que ya está en marcha en muchas cadenas de suministro globales.
Durante años, los principales países productores han ido reforzando las normas medioambientales, los controles y los sistemas de trazabilidad, impulsados por la presión internacional, las inversiones ESG y la necesidad de mantener el acceso a los mercados occidentales.
Y el ejemplo más emblemático es el propio aceite de palma sostenible. La cadena de suministro más demonizada durante los últimos veinte años es ahora también una de las mejor preparadas para cumplir los requisitos del EUDR, tras más de una década de escrutinio por parte de ONG, inversores e instituciones internacionales.
El estudio de Etifor y la Universidad de Padua pone de relieve un cambio clave: cada vez más empresas abordan el riesgo de deforestación como una cuestión industrial y estratégica, adoptando herramientas concretas para reforzar la trazabilidad, la supervisión de la cadena de suministro y las políticas medioambientales.
La sostenibilidad ya no es solo una palanca para la reputación. Se está convirtiendo en infraestructura económica, un requisito del mercado y una ventaja competitiva en todas las cadenas de suministro globales.
Más allá de los eslóganes: la sostenibilidad se mide con datos
Durante años, el debate se vio atrapado en eslóganes como «¿sí o no al aceite de palma?», «crecimiento frente a bosques» o «economía frente a medio ambiente». Pero hoy en día, los datos cuentan una historia diferente: el verdadero reto no es eliminar una materia prima, sino transformar las cadenas de suministro.
Ese es el cambio de paradigma que destaca el estudio de Etifor: menos ideología y más trazabilidad, transparencia y rendición de cuentas. La sostenibilidad ya no es solo una cuestión de comunicación, sino que se está convirtiendo en un tema industrial definido por normas, innovación y una responsabilidad medible en la cadena de suministro.
Los datos muestran que la producción agrícola, el crecimiento económico y la protección forestal pueden evolucionar de forma conjunta. El reto actual no es detener el desarrollo, sino hacerlo sostenible.
Fuentes:





