La productividad como aliada de la sostenibilidad

Cuando se habla del aceite de palma, el debate público suele centrarse en la expansión de las plantaciones y en sus implicaciones ambientales. Sin embargo, la comunidad científica lleva años señalando otra vía para responder a la creciente demanda mundial de aceites vegetales: producir más utilizando mejor las superficies que ya están cultivadas.

Precisamente esta es una de las principales conclusiones del estudio publicado en la revista European Journal of Agronomy titulado “Yield gaps in oil palm: A quantitative review of contributing factors”. Se trata de una revisión científica muy completa sobre las diferencias entre el rendimiento potencial y el rendimiento real de las plantaciones de palma aceitera. Dicho análisis muestra que existe un importante margen de mejora productiva en muchas explotaciones sin necesidad de incrementar la superficie cultivada.

La palma aceitera es, actualmente, el cultivo oleaginoso más eficiente del planeta, ya que genera una gran cantidad de aceite por hectárea. Esta elevada productividad se debe, entre otros factores, a que se trata de un cultivo perenne que mantiene una cubierta vegetal activa durante todo el año y aprovecha de forma muy eficiente la radiación solar propia de las regiones tropicales.

Los investigadores recuerdan que, en condiciones excepcionales, algunas plantaciones han llegado a alcanzar producciones cercanas a las 12 toneladas de aceite por hectárea y año, mientras que los modelos agronómicos sitúan el potencial teórico incluso por encima de esa cifra. Sin embargo, la productividad media mundial se mantiene alrededor de las 3 toneladas por hectárea. Esa diferencia entre lo que sería posible producir y lo que realmente se obtiene es lo que los científicos denominan «brecha de rendimiento».

Comprender las causas de esta brecha es fundamental porque convierte la mejora de la productividad en una herramienta de sostenibilidad. Cuanto más aceite pueda obtenerse de las plantaciones ya existentes, menor será la presión para abrir nuevas superficies agrícolas en otras zonas del planeta.

El estudio identifica numerosos factores que influyen en la producción. Algunos dependen de las condiciones ambientales, como la disponibilidad de agua, la radiación solar o las temperaturas adecuadas para el desarrollo del cultivo. Otros están relacionados con el manejo agronómico, incluyendo la elección del material vegetal, la nutrición de las plantas, la densidad de plantación o la eficiencia en la cosecha.
Uno de los aspectos más interesantes es la importancia de actuar desde el inicio del ciclo productivo. A diferencia de los cultivos anuales, en los que cada campaña permite introducir nuevas variedades o corregir decisiones anteriores, la palma de aceite permanece en producción durante más de dos décadas. Las decisiones adoptadas durante los primeros meses de vida de la plantación pueden influir sobre la productividad durante los veinte años siguientes.La investigación también destaca el papel de la innovación agronómica y de la transferencia de conocimiento hacia los pequeños productores. En muchas regiones productoras, una parte significativa de las pérdidas de rendimiento se debe al uso de semillas de baja calidad, a una fertilización insuficiente o a limitaciones técnicas y económicas que dificultan la aplicación de las mejores prácticas disponibles. Facilitar el acceso a materiales vegetales mejorados, asesoramiento técnico y tecnologías de gestión puede traducirse en importantes incrementos de productividad sin necesidad de ampliar la superficie cultivada.

Otro aspecto relevante del trabajo es que la sostenibilidad y la productividad no son objetivos contrapuestos. De hecho, mejorar el rendimiento de las plantaciones existentes constituye una de las estrategias más eficaces para reducir la presión sobre el territorio. Los autores estiman que cerrar parcialmente las brechas de producción actuales permitiría aumentar de forma significativa la oferta mundial de aceite de palma utilizando las mismas tierras agrícolas ya disponibles.

En un contexto marcado por el crecimiento demográfico y la necesidad de alimentar a una población mundial cada vez mayor utilizando menos recursos, la intensificación sostenible se perfila como una de las grandes herramientas de la agricultura del futuro. El caso del aceite de palma ilustra especialmente bien esta realidad: producir más donde ya se produce puede convertirse en una de las mejores formas de proteger aquellos espacios que no deberían destinarse a la agricultura.

La evidencia científica sugiere que el futuro del aceite de palma sostenible no depende únicamente del lugar en el que se cultiva, sino también de las prácticas que se aplican en su producción. En ese sentido, mejorar de forma continua la productividad de las plantaciones ya existentes se presenta como una oportunidad real para aumentar la eficiencia del cultivo, avanzar en sostenibilidad y contribuir a la conservación del territorio.

 

Irene Castillo
Asesor científico
Bibliografía

 

Lotte S. Woittiez, Mark T. van Wijk, Maja Slingerland, Meine van Noordwijk, Ken E. Giller, Yield gaps in oil palm: A quantitative review of contributing factors. European Journal of Agronomy, Volume 83, 2017, Pages 57-77, ISSN 1161-0301, https://doi.org/10.1016/j.eja.2016.11.002.