La dieta mediterránea y su influencia en el patrimonio cultural, ¿ocurre lo mismo con el aceite de palma en los países de origen?

El pasado día 26 de mayo, la Representación Permanente de Italia ante los organismos de las Naciones Unidas en Roma y la Secretaría de los Sistemas del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) organizaron un seminario online entorno al papel de la dieta mediterránea como parte del patrimonio cultural.

El principal objetivo de dicho evento fue concienciar sobre cómo las dietas tradicionales pueden ayudar a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Además de analizar las propiedades beneficiosas del aceite de oliva y las tradiciones asociadas a su consumo, haciendo especial énfasis en concienciar a la audiencia sobre la amplia gama de servicios ecosistémicos que proporcionan estos sistemas de producción y su relevancia en el contexto de los desafíos globales.

Lo explicado anteriormente, nos puede hacer reflexionar sobre si en los países en los que se produce y consume aceite de palma como parte de su dieta tradicional ocurre lo mismo que con la dieta mediterránea. Es decir, si aquellos patrones alimentarios que incluyen aceite de palma como parte de su dieta tradicional pueden contribuir al desarrollo una agricultura respetuosa con el medio ambiente y a la conservación y promoción de la biodiversidad.

Si nos remontamos a los orígenes del aceite de palma, es en África occidental donde se cultivaba y utilizaba como ingrediente de la cocina tradicional. No solo se usaba con fines culinarios, también se empleaba en la fabricación de jabones y ungüentos medicinales, como explica Pauline von Hellermann de la Universidad de Londres en su trabajo de investigación aun en curso “Red Gold: A Global Environmental Anthropology of Palm Oil”.

Por lo tanto, tras analizar brevemente el papel que tienen el aceite de oliva y el de palma en las dietas tradicionales de sus países de origen, podemos ver la influencia que ejerce el consumo de esos aceites vegetales en el patrimonio cultural, lo que a su vez evidencia como las dietas tradicionales pueden contribuir a la producción agrícola sostenible.

Irene Castillo

Asesor científico