Durante los últimos 30 años, el consumo de alimentos ricos en calorías, como los aceites, los edulcorantes y los productos de origen animal, ha crecido más rápidamente que la población. Este cambio ha impulsado la demanda de aceite de palma y sus derivados, una tendencia que, según Naciones Unidas, probablemente continuará durante las próximas décadas. Por ello, será necesario encontrar formas de atender esa demanda sin aumentar la presión sobre los recursos naturales.
Esta es una de las principales ideas del informe Commodities at a Glance: Palm Oil Trade at a Crossroads, publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Para mostrar la magnitud de esta evolución, el informe señala que, entre 1990 y 2019, el consumo mundial de calorías alimentarias aumentó un 61 %, mientras que la población creció un 45 %. Además, el consumo de aceites, edulcorantes y productos de origen animal creció a un ritmo aún mayor que la población.
El informe relaciona parte de este crecimiento con el aumento de los ingresos. A medida que mejora la capacidad económica de los hogares, cambian sus hábitos alimentarios y aumenta el consumo de alimentos procesados, así como la demanda de los ingredientes necesarios para elaborarlos. En el caso del aceite de palma comestible, este efecto se ha concentrado en las economías emergentes, especialmente en Asia oriental.
Dentro de este cambio en los patrones de consumo, el aceite de palma destaca por la variedad de sus usos. Se utiliza como aceite de cocina en Asia y África y como ingrediente en alimentos procesados en todo el mundo. Sus derivados también están presentes en cosméticos, productos farmacéuticos y otras aplicaciones industriales. Desde la década de 1990 también ha aumentado su empleo como materia prima para la producción de biocombustibles.
Por ello, su demanda no puede entenderse de forma aislada, sino dentro de esta evolución del consumo. Si continúa aumentando la necesidad de aceites vegetales, habrá que valorar el rendimiento de los distintos cultivos, la superficie que requieren y las condiciones ambientales y sociales en las que se producen para determinar qué opciones responden mejor a las necesidades futuras.
En este análisis, la productividad de la palma aceitera es un factor importante. Entre 2014 y 2023, este cultivo alcanzó un rendimiento medio mundial de 3,14 toneladas de aceite por hectárea, más de cuatro veces el rendimiento medio del girasol y de la colza. En 2023, el aceite de palma representó el 39,4 % de la producción mundial de aceites vegetales, aunque ocupó únicamente el 7,6 % de la superficie destinada a cultivos oleaginosos.
Estos datos muestran que la palma aceitera produce más aceite por hectárea que otros cultivos oleaginosos y, por tanto, necesita menos terreno para obtener una cantidad equivalente de aceite. En un contexto de creciente demanda, el informe apunta que, esta característica puede contribuir a reducir la presión sobre la tierra y a liberar suelo agrícola para otros cultivos. Su elevada productividad supone una ventaja, pero solo si se aprovecha para mejorar la producción en los terrenos ya cultivados y no para ocupar nuevas áreas.
Esta relación entre productividad y uso del suelo explica por qué el aumento de la demanda debe abordarse junto con la sostenibilidad. Mejorar el rendimiento de las plantaciones existentes, reforzar la protección de los bosques y garantizar la trazabilidad son medidas complementarias. Los estándares de sostenibilidad, como la certificación de la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), pueden contribuir a promover mejores prácticas en la cadena de suministro.
Ahora bien, el alcance de la certificación no depende únicamente de los productores. La UNCTAD señala que una parte significativa del aceite certificado se comercializa sin una prima respecto al aceite no certificado y que su demanda sigue siendo limitada en algunos mercados. Para que los avances realizados en origen se consoliden, también es necesario que las empresas apuesten por la compra de aceite de palma sostenible y reconozcan el esfuerzo que supone cumplir estos estándares.
Este apoyo es especialmente importante para los pequeños productores, que aportan aproximadamente el 40 % de la producción mundial. Muchos de ellos carecen de los recursos necesarios para cumplir con las obligaciones de diligencia debida y trazabilidad, y tienen dificultades para acceder a financiación. Facilitarles formación y herramientas de trazabilidad accesibles puede ayudarles a mejorar sus rendimientos, proteger sus medios de vida y reducir los incentivos para ampliar la superficie cultivada.
En conjunto, el informe muestra que el aumento de la demanda de aceite de palma no debe afrontarse únicamente produciendo más, sino produciendo de manera más sostenible. Si el consumo mundial de aceites sigue aumentando, la responsabilidad debe extenderse a toda la cadena de valor, desde la producción hasta la compra del aceite certificado.
La elevada productividad de la palma aceitera permite obtener más aceite con menos superficie que otros cultivos oleaginosos, pero aprovechar esta ventaja de forma responsable implica proteger los bosques, reforzar la trazabilidad y garantizar la participación de los pequeños productores. El reto de las próximas décadas no será únicamente disponer de más aceite, sino garantizar que la demanda se atienda en mejores condiciones.
Irene Castillo
Asesor científico
Bibliografía
United Nations Conference on Trade and Development. (2026). Commodities at a glance: Palm oil trade at a crossroads. United Nations.
https://unctad.org/publication/commodities-glance-palm-oil-trade-crossroads
Fotografía
©Wisnu Yudowibowo, Indonesia. Photography World Palm Portrarits 2021





